jueves, 20 de febrero de 2014

Las pequeñas memorias

No sé cómo lo percibirán los niños de ahora, pero, en aquellas épocas remotas, para la infancia que fuimos, nos parecía que el tiempo estaba hecho de una especie particular de horas, todas lentas, arrastradas, interminables. Tuvieron que pasar algunos años para que comenzásemos a comprender, ya sin remedio, que cada una tenía soló sesenta minutos, y, más tarde aún, tendríamos la certeza de que todos ellos, sin excepción, acababan al final de sesenta segundos . . .  

José Saramago


viernes, 14 de febrero de 2014

Historia verídica

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora

Julio Cortázar

martes, 11 de febrero de 2014

Me gusta andar pero no sigo el camino . . .

Me gustan los que se callan y me gustan los que cantan y de tanto andar conmigo me gusta lo que me pasa.
Me pasan cosas como esta, aunque no tenga importancia andar contándole a todos, todas las cosas que me pasan.
Porque uno no vive solo y lo que a uno le pasa le está sucediendo al mundo, única razón, y causa, pues todito es tan perfecto porque perfecto es Dios, que se muera alguna estrella cuando arranca una flor, por eso si hay uno, hay dos.
Supe del diablo la noche que al hambriento dije no y también esa noche supe que el diablo es hijo de Dios.
Ando solo por la vida con un tono y dominante modestamente cantoso y pretensión de enseñar, porque si el mundo es redondo, no sé qué es ir adelante. Andar y andar, siempre andando, nada más que por andar.
No vine a explicar al mundo, sólo vine a tocar. No quiero juzgar al hombre, al hombre quiero contar.
Mi condición es la vida y mi camino, cantar ¡cantar! y contar la vida, es mi manera de andar.
Un día llegue a Tandil y conocí a un anciano que a falta de inteligencia se le dio por ser muy sabio, le pregunté por Jesús una noche al lindo viejo y ahí mismo lo conocí, cuando me alcanzó un espejo.
Yo bailo con mi canción y no con la que me tocan, yo no soy la libertad, pero si el que la provoca.
Si ya conozco el camino para que voy a andar acostado, si la libertad me gusta para que voy a vivir de esclavo, elegir yo siempre elijo, más que por mí por mi hermano, y si he elegido ser águila fue por amor al gusano.
Prefiero seguir a pie y no en caballo prestado, alguien por una manzana para siempre quedó endeudado, siempre llega primero aquel que va más descargado.
El día que yo me muera no habrá que usar la balanza pues para velar a un cantor con una milonga alcanza.
Doy la cara al enemigo la espalda al buen comentario porque el que acepta un halago empieza a ser dominado.
El hombre le hace caricias al caballo, para montarlo.
Perdón si me propasé y me puse moralejo, nadie puede dar consejos, no hay hombre que sea tan viejo.
Me pongo el sol al hombro y el mundo es amarillo.
Me gusta andar pero no sigo el camino, pues lo seguro ya no tiene misterio, me gusta ir con el verano muy lejos pero volver donde mi madre en invierno y ver los perros que jamás me olvidaron y los caballos y los abrazos que me dan mis hermanos, me gusta, me gusta, me gusta . . .
Facundo Cabral